¡Principios antes que privilegios! Rafael Echazarreta alza la voz por una política de integridad y respeto ciudadano

Rafael Echazarreta subraya que la identidad política se construye desde la integridad y la congruencia, incluso cuando asumir una postura crítica implica incomodar al poder y enfrentar presiones.

Rafael Echazarreta ha sido claro en su postura: la identidad pública no se construye desde la comodidad, sino desde la integridad. Para él, decir “no” cuando el poder se corrompe no es un gesto retórico, sino una decisión ética que define trayectorias y marca diferencias en la vida pública.

En un contexto donde el silencio suele confundirse con prudencia, Echazarreta sostiene que no callar implica asumir costos, incomodar intereses y enfrentar presiones. Sin embargo, también representa una forma de coherencia indispensable para quienes creen que la política debe ejercerse con principios y responsabilidad.

Su posición parte de una convicción firme: la congruencia no se negocia. Mantener una postura clara, incluso cuando resulta incómoda para quienes detentan el poder, es una señal de carácter y de compromiso con la ciudadanía. Para Echazarreta, la integridad no es una consigna, sino una práctica cotidiana que exige coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Esta visión lo ha colocado como una voz crítica que entiende la política como un espacio de responsabilidad moral, donde la dignidad personal y el interés público deben estar por encima de cualquier cálculo. En tiempos de polarización y desgaste institucional, su mensaje subraya que la fortaleza de la vida democrática depende, en buena medida, de quienes están dispuestos a sostener sus principios aun cuando hacerlo incomode al poder.

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